NO VIENEN POR UNA LEY: VIENEN POR LA TIERRA, EL AGUA Y EL FUTURO DE LA ARGENTINA

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Hay discusiones que no son técnicas. Son políticas.

Y hay leyes que no se modifican por casualidad: se modifican porque detrás hay intereses concretos.

El gobierno de Javier Milei pretende avanzar contra la Ley de Tierras para liberar la compra de territorio argentino por parte de capitales extranjeros. Lo presentan como “modernización”, como “apertura al mundo”, como “atracción de inversiones”. Pero en realidad es la vieja receta de siempre: entregar lo que es de todos para que unos pocos hagan negocios.

La tierra no es un bien cualquiera.

La tierra no es una acción de la Bolsa.

La tierra no es una mercancía más.

La tierra es soberanía.

Es agua.

Es alimento.

Es energía.

Es minerales estratégicos.

Es producción.

Es arraigo.

Es frontera.

Es futuro.

Un país que permite que su tierra quede en manos de intereses extranjeros sin límites, deja de decidir sobre una parte fundamental de su destino. Porque quien controla la tierra, controla también lo que hay arriba y lo que hay abajo: los ríos, los lagos, los acuíferos, los campos productivos, los caminos, los minerales, la energía y las posibilidades de desarrollo.

Este gobierno quiere que la Argentina piense como una empresa en liquidación.

Todo se vende.

Todo se entrega.

Todo se remata.

La tierra, las empresas públicas, los recursos naturales, los derechos laborales, las jubilaciones, la salud, la educación y hasta la dignidad del pueblo trabajador.

Pero una Nación no puede funcionar como una financiera.Un país no se construye vendiendo su territorio. Un pueblo no se desarrolla entregando sus recursos.

Nos dicen que vienen inversiones. Pero los trabajadores ya conocemos esa mentira. Cada vez que nos prometieron progreso a cambio de entrega, lo que vino fue más dependencia, más concentración económica, más pobreza y menos soberanía nacional.

Porque el capital extranjero no viene por amor a la Argentina. Viene por rentabilidad. Viene por tierra barata, por recursos estratégicos, por agua dulce, por minerales, por producción de alimentos y por negocios futuros.

Y mientras tanto, al trabajador argentino le piden sacrificio.

Le ajustan el salario.

Le recortan derechos.

Le suben las tarifas.

Le quieren modificar los convenios colectivos.

Le atacan la obra social.

Le dicen que no hay plata.

No hay plata para los jubilados.

No hay plata para la salud.

No hay plata para la educación.

No hay plata para los trabajadores.

Pero sí hay facilidades para los grupos económicos que quieren quedarse con la Argentina.

Ese es el verdadero rostro de este gobierno entreguista.

Un gobierno que habla de libertad, pero libera a los poderosos para que compren todo.

Un gobierno que habla de patria, pero gobierna de rodillas frente a los intereses extranjeros.

Un gobierno que habla de esfuerzo, pero el esfuerzo siempre lo paga el pueblo trabajador.

HERRAMIENTA DE DEFENSA NACIONAL

La Ley de Tierras fue una herramienta de defensa nacional. Puso límites para evitar que el territorio argentino quede concentrado en manos extranjeras. No resolvió todos los problemas, pero marcó una idea central: la tierra argentina debe tener protección argentina.

Eliminar esos límites es abrir la puerta a una Argentina más desigual, más dependiente y más saqueada.

Porque no se trata solamente de quién compra un campo. Se trata de quién decide sobre el agua.

Quién decide sobre los alimentos. Quién decide sobre los recursos naturales. Quién decide sobre las zonas de frontera.

Quién decide sobre la producción.

Quién decide sobre el futuro.

Desde el movimiento obrero tenemos que decirlo con claridad: no hay derechos laborales fuertes en un país entregado. No hay salario digno en una economía dependiente. No hay justicia social si la riqueza nacional queda en manos de intereses ajenos al pueblo argentino.

Defender la tierra es defender el trabajo.

Defender el agua es defender la vida.

Defender los recursos estratégicos es defender la soberanía.

Defender la Ley de Tierras es defender la Patria.

Por eso, el pueblo trabajador tiene que razonar lo que está en juego. No es una discusión lejana. No es un tema de abogados, empresarios o legisladores. Es el modelo de país que nos quieren imponer.

Una Argentina para pocos, donde los poderosos compran todo.

O una Argentina soberana, productiva, con trabajo, con derechos y con futuro para su pueblo.

La tierra no se entrega.

La Patria no se remata.

La soberanía no se negocia.

Sin tierra, no hay Nación.

Sin soberanía, no hay justicia social.

Sin pueblo organizado, no hay futuro.

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